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opinión

VECINOS ZONA NORTE ENTRE OLORES, CONTAMINACION Y ABANDONO

  • diciembre 8, 2025
  • 4 min read
VECINOS ZONA NORTE ENTRE OLORES, CONTAMINACION Y ABANDONO

Lo que para muchos es solo una postal olvidada detrás de los barrios del Norte de nuestra ciudad, para las familias que viven en las inmediaciones de Simón de Alcazaba, Granaderos y a metros de Juan XXIII, es un drama cotidiano que vuelve cada verano y que nunca termina de resolverse: los piletones de aireación, una infraestructura clave del sistema cloacal administrado por Servicoop, están nuevamente en un estado de evidente deterioro y vuelven a generar escurrimientos a cielo abierto, charcos cloacales, olores nauseabundos y un riesgo epidemiológico creciente.

Las imágenes tomadas esta semana hablan solas. En el perímetro del predio —donde la malla ciclónica ya no contiene casi nada— se observa cómo los líquidos cloacales han corroído años de cemento, se filtran hacia la calle y forman pozos pestilentes justo al lado de sectores residenciales. Todo esto, mientras las temperaturas aumentan y las ventanas deben mantenerse cerradas para que el olor no invada las casas.

Este viejo problema nunca llego a resolverse. Y no  es una novedad. En diciembre de 2018, un artículo daba cuenta de reuniones entre vecinos, funcionarios municipales y directivos de Servicoop. En aquel momento, se prometía poner en marcha nuevas lagunas que “aliviarían los olores y mejorarían el tratamiento de los efluentes cloacales”. También se hablaba de dragar las lagunas existentes, rehabilitar otras dos y avanzar en un proyecto integral de ampliación del sistema cloacal.

Siete años después, las imágenes actuales demuestran que nada de eso sucedió.

El gerente de Agua y Saneamiento de la cooperativa en aquel entonces, Pablo Timinieri, reconocía ya en 2018 que la planta ubicada en pleno barrio debía haberse desactivado hacía tiempo, según el impacto ambiental previsto. Sin embargo, la falta de obras estructurales y la baja de la obra cloacal del Presupuesto Nacional dejó todo “en veremos”.

Hoy, esas promesas —parquización, cercos nuevos, dragado y mejoras tecnológicas— siguen brillando por su ausencia.

Para sumar un capítulo más a esta paradoja local, hace poco tiempo en la misma esquina se presentó un proyecto para construir salas velatorias del CEMAD, un servicio que Servicoop también administra.
Es decir: la cooperativa que no logra controlar los piletones sería la misma que administraría un edificio funerario a pocos metros de líquidos cloacales estancados.

El proyecto quedó en suspenso, pero la contradicción sigue siendo difícil de justificar.

El riesgo es real, no una exageración vecinal. El sistema cloacal de Madryn, según la definición formal de la propia cooperativa, es un entramado complejo que depende de estaciones de bombeo, rebombeos y un circuito de lagunas aireadoras que hoy muestran signos de saturación y mantenimiento insuficiente.

Cuando ese engranaje falla —por rebalses, filtraciones o simples descuidos— el líquido cloacal crudo termina filtrándose hacia la vía pública, un escenario que cualquier manual sanitario desaconsejaría de forma absoluta.

El riesgo no es solo olfativo: mosquitos, roedores, patógenos y contaminación del suelo son consecuencias directas de este tipo de fallas. Y todo ocurre en un barrio donde viven familias, niños, adultos mayores… y donde el Estado parece mirar para otro lado.

Mientras tanto en la Rambla,  surge la postal más cruda de esta situación es la comparación inevitable:
mientras la ciudad invierte millones en embellecer la rambla, el “corazón” del sistema sanitario sigue latiendo en modo emergencia.

Las luces LED frente al mar, el hormigón pulido del paseo y espacios de recreación,  contrastan brutalmente con los postes torcidos, el barro cloacal y las veredas corroídas de Simón de Alcazaba.

Es una metáfora dolorosamente literal: la ciudad brilla por fuera y se deteriora por dentro.

Los Vecinos siguen esperando una solución. A cada verano, los olores vuelven. A cada invierno, las lluvias agravan la filtración. Y a cada año, nuevas autoridades prometen lo mismo que ya se prometió en 2018.

La pregunta es simple y urgente:
¿Hasta cuándo seguirá funcionando una planta depuradora en pleno barrio, con un sistema que hace tiempo dio señales claras de agotamiento?

La respuesta, por ahora, sigue flotando —igual que los líquidos que brotan del predio— en el aire pesado del norte madrynense.

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