AGUA: UNA DÉCADA DE ANUNCIOS Y LA MISMA SED
Diez años después, seguimos hablando del mismo problema. En Octubre de 2016, la propia conducción de Servicoop advertía, a través de un medio periodístico, que la capacidad de captación, potabilización y transporte de agua hacia Puerto Madryn estaba al límite. La solución entonces era clara: construir un nuevo acueducto de toma desde el río Chubut, con una inversión estimada en 100 millones de pesos. Esa obra, se nos dijo, duplicaría la capacidad y permitiría acompañar el crecimiento de una ciudad en expansión.
Hoy, en 2025, el diagnóstico es exactamente el mismo. El acueducto sigue siendo el “cuello de botella”, la capacidad productiva continúa clavada en 44 mil metros cúbicos diarios y, para peor, la demanda real ya superó hace rato ese techo. Sin embargo, la paradoja es que en los discursos actuales se habla de esa cifra como si el tiempo no hubiese pasado, como si Puerto Madryn no hubiese crecido en población, en loteos, en edificios y en densidad urbana. ¿Alguien cree realmente que la ciudad de hoy consume lo mismo que hace una década?
El relato oficial se recicla: antes se hablaba de proyectos “ya aprobados” y de fondos “próximos a llegar”; hoy, se menciona la disolución de organismos nacionales como justificación. Pero lo cierto es que durante los diez años en que ese organismo existió y estuvo activo, tampoco se concretó nada. La responsabilidad, entonces, no puede seguir buscándose siempre en otro lado.
Cada verano, los vecinos convivimos con cortes programados, con la amenaza de la escasez, con reservas que no alcanzan y, en los últimos días, con la prueba más clara de la fragilidad del sistema: un corte generalizado que dejó a toda la ciudad sin agua durante más de tres jornadas. Y esto no fue por un fenómeno extraordinario, sino por una falla previsible en una red que ya había sido señalada como insuficiente hace una década.
El Municipio anuncia nuevamente que el acueducto es prioridad, lo mismo que las cloacas. Servicoop repite los diagnósticos. Y mientras tanto, la ciudad que ya superó los 125 mil habitantes crece sin una infraestructura básica que acompañe.
La pregunta, entonces, es simple y brutal: ¿cuánto más vamos a seguir tolerando que el agua potable de una ciudad entera dependa de un acueducto colapsado, de promesas incumplidas y de excusas recicladas?
Diez años de discursos no alcanzan para llenar un vaso.





